Verracos de Ávila

Verracos de Ávila: toros y cerdos de granito de los vetones

Escultura antigua de granito con forma de toro, muy gastada y con líquenes, en un prado con hierba seca

Un bloque de granito con cuatro patas cortas, un lomo y una cabeza que a veces es de toro y a veces de cerdo. Así es un verraco, y en la provincia de Ávila aparecen en plazas, en prados y en la propia capital.

La palabra viene del nombre que se da en castellano al cerdo macho, y se ha quedado para todas estas figuras, tengan cuernos o no. Las hicieron los vetones, el pueblo prerromano que vivía en el occidente de la Meseta antes de la llegada de Roma. Por eso se encuentran sobre todo en Ávila, Salamanca y Cáceres, y en algunas zonas de Portugal: es el territorio donde vivieron.

Cómo son

Cada uno está tallado en una sola pieza. El animal suele estar de pie sobre una base del mismo bloque, con las patas apenas separadas de la piedra que hay entre ellas, porque el granito no permite muchos huecos. Los detalles son pocos: los ojos, la boca, a veces las costillas, el sexo o el rabo pegado al anca.

Hay toros, reconocibles por los agujeros donde iban los cuernos o por los propios cuernos. Hay cerdos y jabalíes, de hocico largo y lomo marcado. Los tamaños cambian mucho, desde piezas que caben en una carretilla hasta animales casi de tamaño natural.

Para qué servían

Nadie lo sabe con seguridad, y la discusión sigue abierta entre los arqueólogos. Hay varias ideas.

Lo más probable es que no todos sirvieran para lo mismo, ni en todas las épocas. Una figura que se talló para un prado pudo acabar, siglos después, junto a una sepultura.

Dónde están hoy

Algunos siguen en el campo, otros se llevaron a plazas, iglesias o museos, y unos cuantos acabaron empotrados en muros como una piedra más. El conjunto más famoso son los Toros de Guisando, en El Tiemblo, al sureste de la provincia. En la ciudad de Ávila también hay varios. Lo contamos en detalle en dónde ver verracos en la provincia.

Una tradición que sigue

La costumbre tiene continuación. En Ortigosa de Rioalmar, un pueblo de la Sierra de Ávila, hay uno nuevo, donado al pueblo para continuar la tradición, que los vecinos tienen hoy como su símbolo. Es una escultura moderna, y por eso mismo interesante. El Ayuntamiento de Manjabálago y Ortigosa de Rioalmar lo cuenta en su web junto al resto del patrimonio del municipio.

Para seguir la pista