Dónde ver verracos en la provincia de Ávila

Para ver un verraco en Ávila no hace falta buscar mucho. Para verlos bien, con tiempo y entendiendo lo que se mira, conviene saber a dónde ir y qué tener en cuenta al llegar.
No hemos querido hacer un catálogo pueblo por pueblo, porque las piezas se mueven, se restauran y a veces se trasladan a un museo. Estos son los sitios que cualquiera puede visitar y que dan una idea completa de lo que son.
Los cuatro toros de El Tiemblo
Los Toros de Guisando son cuatro toros de granito en fila, en un prado, con la sierra detrás. Es la imagen más conocida de los verracos y la más fotografiada. Los cuatro tienen en la cabeza los agujeros donde iban encajados los cuernos, que no se conservan.
El sitio, además, tiene historia propia. Junto a ellos se firmó en 1468 el acuerdo conocido como Tratado de los Toros de Guisando, por el que Enrique IV reconocía a su hermana Isabel como heredera de Castilla. Así que una escultura vetona dio nombre a uno de los pactos que llevaron a Isabel la Católica al trono.
Están al lado de la carretera, en un prado. Id temprano si queréis fotos sin coches en el encuadre.
La ciudad de Ávila
En la capital hay verracos repartidos por la ciudad, unos en la calle, junto a monumentos, y otros en museos. Es la manera más cómoda de ver varios en un mismo día y comparar tamaños y estilos: unos son toros, otros cerdos, unos están casi enteros y otros muy gastados. En la oficina de turismo os pueden decir dónde están.
Los castros vetones
Para entender a quién se le ocurrió tallarlos, hay que subir a los poblados donde vivían los vetones. En la provincia hay tres castros visitables: Ulaca, en Solosancho; La Mesa de Miranda, en Chamartín; y Las Cogotas, en Cardeñosa. Desde lo alto se ve el paisaje que controlaban, con los pastos abajo, y se entiende por qué el ganado ocupa un lugar tan grande en sus esculturas.
Los pueblos
El resto está disperso. Hay verracos en plazas de pueblos, en atrios de iglesias, a la entrada de una finca o aprovechados como piedra en un muro antiguo. Cuando se viaja por la provincia y se ve una forma de animal en granito, casi siempre merece la pena parar y preguntar.
Y hay uno que no es antiguo: el de Ortigosa de Rioalmar, en la Sierra de Ávila. Se donó al pueblo para continuar la tradición y le dedicamos un artículo propio.
Cómo mirarlos
- Con luz de lado, a primera hora o al atardecer. El granito gastado no deja ver los relieves con el sol de mediodía; con luz rasante aparecen los ojos, las costillas, a veces una inscripción.
- Por los cuatro lados. Muchos tienen detalles en el costado o en la grupa que desde delante no se ven.
- Sin subirse encima. Parece obvio, pero en los conjuntos más visitados se ve a menudo, y la piedra sufre.
- Fijándose en la base. Algunos conservan la peana original de la misma pieza, otros se han apoyado sobre bloques modernos.
Más allá de Ávila
Los vetones no conocían las provincias actuales. Hay verracos en Salamanca, en Cáceres y en zonas de Portugal, y si os interesa el tema, cada uno de esos lugares tiene sus propias piezas y sus museos.